Revista Paula, 13 Agosto 2014: Un Nuevo Sentido

Un Nuevo Sentido

foto paula

El hombre de barba en la foto es Abdul Matin (42) y lo acompaña su mujer, Amina (40). Son sufís; es decir, siguen la doctrina mística del islam. Obedecen las instrucciones de un maestro que vive en Chipre, quien les ordenó vivir de manera simple. Antes de que salga el sol rezan la primera de cinco oraciones diarias. Educan ellos mismos a sus cinco hijos en su casa en la comunidad ecológica de Peñalolén. Cultivan lo que comen y fabrican con sus manos jabones naturales que comercializan.

Pero no siempre fue así. Hasta hace quince años, Abdul Matin se llamaba Matías Vicente, era bioquímico de la Universidad Católica, vivía en Michigan, Estados Unidos, donde trabajaba en su tesis doctoral sobre replicación del ADN en la Michigan State University. Y Amina era Patricia Ibáñez, coordinadora de exposición en el Museo Reina Sofía en Madrid, donde vivía; se habían conocido en 1996 en Santiago y tenían algo en común: ambos buscaban un sentido para sus vidas. “Sentía un profundo vacío, creía que estudiando con los mejores del mundo y siendo el orgullo de la familia lo llenaría. Por el contrario, el vacío se hacía más grande. Un día de 1999 recibí un llamado de mi padre para decirme que estaba desahuciado, tenía un cáncer terminal. Fue un remezón. Se me cayó la venda que tenía en los ojos. Nada tenía sentido si no estaba preparado para morir y pedí con todas mis fuerzas: ‘si existe algo ahí, entonces, que se me muestre para poder seguir adelante’”, recuerda. En esa búsqueda muchas corrientes espirituales se le presentaron hasta que llegó al sufismo “y absolutamente todo hizo sentido en mí”, dice. Una vez que abracé al islam y recibí mi iniciación, el maestro me dijo: ‘Ya encontraste lo que buscabas, ahora cásate’. Inmediatamente pensé en Amina”, cuenta. Meses antes ella le había escrito contándole que viajaría a Chipre a conocer al gran maestro sufí. Sus caminos se habían cruzado y sin haberse visto por casi cuatro años, en un mes se casaron. “A pesar de la resistencia de las familias y de lo loco que parecía todo, decidimos cambiar nuestros destinos: nos fuimos a vivir cerca de Villarrica a una comunidad indígena, por 12 años, tal como nos indicó el maestro. Dejamos atrás la seguridad de una vida aparentemente perfecta, la carrera por el éxito, lujos y comodidades, y volvimos a la naturaleza, a ser seres humanos y a gozar de lo simple. Conocimos el silencio y aprendimos a escuchar nuestra voz interna”, dice Amina; y Abdul agrega: “Gracias al islam volví a empezar, si hubiera seguido como estaba sé que sería exitoso pero infeliz. Solo cuando hay una búsqueda superior al éxito y lo material se encuentra la felicidad”.

 

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